jueves, 14 de enero de 2010

Deseo...


Al otro lado del Atlántico cuentan una historia que habla de un árbol, el tamarindo, que sería como cualquier otro si no fuera porque la flor de esta planta tiene el poder de concederte tu mayor deseo si la recoges.

Pero tendrás que prestar mucha atención, ya que sólo florece por las noches, que es cuando las estrellas y las flores milagrosas escuchan los deseos del mundo. También tendrás que ir con mucho cuidado, podría haber alguien por ahí que pretenda robártela y tu deseo nunca se vería cumplido. Tampoco el suyo, ya que la flor se marchita cuando no reconoce la voz de quien la plantó.

¿Alguna vez habéis sentido que vuestro mayor deseo se ha cumplido? ¿Habéis escuchado su voz, acariciado sus manos? ¿Habéis sentido de cerca el latido de lo que más imposible parecía?

¿Alguna vez habéis visto sonreír a un sueño?


Dicen que tras la esquina no hay más
que una canción que habla de este verano.

Dicen que eres como la sal:
de día se ve y de noche se escapa.

Y sin querer cantaré,
como aquel gallo que un día cantó
por tener a su lado esa flor.

Dicen que más receta no hay
que sólo dar sin pedir nada a cambio.

También que en primavera eres flor:
por la orilla te ven y en invierno te apagas temprano.

Pero tú has llenado de sueños mi fuente,
sentido de cerca mi voz.
Las ventanas dejaste abiertas de mi corazón.

Alumbraste mi vida de un soplo,
le pusiste velas al San Rafael.
Llenaste de color este juego de niños.

Y sin querer cantaré,
como ese gallo que un día cantó
por tener a su lado esa flor.

Y otra vez pelearé,
como aquel gallo que ya ha peleado
en las ferias de tu corazón...
en las ferias de tu corazón por tener esa flor.”

(La flor del tamarindo, Flow)


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1 comentario:

Kristel dijo...

Supongo que sí, que al final todo es parte de lo mismo, todo se reduce a sentir :)

El deseo más grande siempre parece estar pendiente. O será esa manía humana de fabricar y fijarse constantemente nuevos deseos...