"Yo ya he dejado atrás nombres y teléfonos.
Yo ya he dejado atrás el miedo al ridículo.
Yo ya he dejado atrás los sábados insólitos
en los que andaba haciendo el tonto."

Quédate como estás, que voy
por algún tapiz, pinceles y un trapo.
Déjame retratarte al sol,
espérame así, no muevas los brazos.
Hoy,
y por el resto de los años,
tallaré en esta canción
la obra maestra de tu corazón.
Hecho el boceto, nace el color
pidiendo tener todos los derechos.
Y en mi paleta hay una discusión
para resolver quién dará en tu cuerpo.
Soy
muy consciente de tu tiempo,
pero mira tu reloj:
lo atrasé con acuarelas y crayons.
Quise pintar tus labios, amor
y se dibujó un jilguero
que se echó a volar por la habitación
silbando tu nombre, y luego
dejó caer una pluma,
con la que escribo estos versos.
Sólo una pincelada más
y te dejo ir, no cambies el gesto,
que falta un verde otoño en la
sombra del gris de tu misterio.
Ya
pintaré en tus ojos sueño,
cuando acabe de brillar
el duende que se ha posado en tu mirar.
Quise pintar tus labios, amor,
y se dibujó un jilguero
que se echó a volar por la habitación
silbando tu nombre, y luego…
Quise pintar tus manos, amor
y se dibujó un velero
que, sin colorear y sin estación,
navega con dos marineros:
uno soy yo en tu hermosura,
el otro se llama Deseo.

Dicen que ha estallado el reactor,
el número 4 ha volado
y ahora es otro sol.
No hay medidas de seguridad,
me pesa la lengua y tú…
no sé dónde estás.
Doy tanto miedo porque emito radioactividad,
es invisible como el aire pero duele más.
Y no puedo salir de la central.
Hay mucho trabajo, mi amor,
hoy no iré a cenar.
Y puede que mañana no esté aquí.
Si ya nunca vuelvo, mi amor,
eso no es por ti.
Y vuelve con tu madre,
sal los jueves y baila con los chicos…
y nunca pienses en mí.
[Reactor nº4, Ricardo Vicente]
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