Debajo de las estrellas, escondidos en la oscuridad, estuve a solas con ella y no pude decirle la verdad: que desde que nos conocimos no la he podido olvidar, que desde el momento en que la vi no he pensado en nadie más.
Apareció en el momento más extraño de mi vida, justo cuando empezaba a dudar de casi todo. Primero hizo tambalear y después derrumbó totalmente mi absurda idea de que una pareja no debe tener muchas cosas en común, que eso era para la gente aburrida. No sé cómo, pero consigue aguantar todas mis manías y mis tonterías. Creo que está empezando a comprender mis rarezas, y me asombra que no haya salido corriendo aún. Me encanta cuando dice que va a ser mala, que se va a saltar las clases para hacer conmigo un plan inolvidable, que va a hacer trampas con el Abono Transportes… y al final acaba siendo tan buena como siempre. Me gusta que sea tan delgada como yo y que ella tampoco pueda vivir sin Nestéa, por ahí seguro que dirían que “pegamos”, y yo nunca he sabido bien lo que quiere decir pero pegar con ella me suena tan bien... Adoro sus frases hechas, las coletillas que usa sin querer y las cosas que dice sin pensar. Aunque no descarto que en realidad lo que adore sea su voz, y que por eso me guste tanto todo lo que dice. Me encanta lo cabezona que se pone cuando quiere encontrar algo, aunque tengamos que recorrer cientos de supermercados y miles de tiendas de chinos. Y me encanta aún más cuando da con ello, porque la verdad es que al final siempre acaba consiguiendo lo que se propone. Ojalá nunca pierda su puntito infantil ni su risa maléfica. Preferiría que no le costase tanto decir lo que siente, pero gracias a eso aprendo cada día a interpretar sus muchas otras formas de expresarse. Valoro muchísimo los momentos cerca de su casa, cuando me enseña los columpios donde solía jugar, su escuela de baile, los colegios donde estuvo o el parque donde solía ir a correr. Me encantan las fotos de cuando era niña, y creo que si la hubiera conocido hace quince años, desde ese mismo momento tampoco habría podido ver sin su luz. Me gusta que me llene el mp3 de canciones que me ha regalado ella con toda la intención del mundo. Se entristece cuando me regala alguna y resulta que ya la conozco, pero después la escucho y siempre me acaba pareciendo que se trata de alguna versión extraña, con los acordes cambiados o algo raro, porque de alguna forma siempre me parece que suena diferente a todas las veces que la escuché sin pensar en ella. Le encantaría tener las cuarenta películas de Nicole Kidman, pero mientras las reúne todas soy yo el que se lo pasa bomba viéndola buscarlas una por una por los Daily Price (los dos sabemos que, si ella quiere, acabará por tenerlas todas). Soy fan de su pelo largo y rizado y también de cuando se lo alisa, de cuando se pinta las uñas de colores chillones y de la suavidad casi irreal de su piel, pero sobre todas las cosas del mundo, soy fan de verla sonreír. No me gusta que se meta con mi cámara de chocolate, pero me encanta cuando miro en mi casa las fotos que sacó con la suya y pienso que fue ella la que pulsó el botoncito, soy así de tonto. Ambos sabemos que sin cierta afición común, nuestros caminos jamás se habrían unido, por eso desde que nos conocimos somos los dos un poquito más del Atleti. Tanto, que hemos tenido que recurrir a nuestros segundos equipos para tener algún motivo de discusión, ahí sí que se ponen emocionantes las conversaciones. Me gusta pensar que, en apenas unos meses a su lado, ya puedo decir que ella estaba ahí cuando yo vivía algunos de los momentos que recordaré toda mi vida, incluso creo que eso les da más valor aún. Disfruta paseando por los barrios pijos de Madrid, se muere por vivir allí. Adoro sus perfumes, pero lo que de verdad me vuelve loco es el olor de su piel cuando no lleva ninguno. Lo que más valoro de ella y lo que más me llamó la atención desde el principio es su cabeza, tengo serias sospechas de que es más inteligente que yo. En cualquier caso, lo que está claro es que su memoria es mucho mejor. Y no le molesta cuando le hago repetirme las cosas dos veces porque olvidé que ya le había preguntado sobre lo mismo. Odio y me encanta lo fácil que es echarla de menos. Tiene algo (aún no sé qué) que hace que cuando se ha ido, te quede dentro un huequecito vacío. Lo paso mal cuando se marcha, y una de las cosas que menos me gustan de mi vida es ver cómo se aleja su autobús verde. Entonces, volviendo a casa, empiezo a acordarme de mil cosas más que me gustaría decirle o preguntarle, y no soporto cruzarme por la calle con parejas que a esas horas de la noche no han separado sus caminos y aún pueden seguir cogidos de la mano al menos cinco minutos más. Me encanta hacer cosas con ella por primera vez, y cuando planeamos algo y me dice que nunca había hecho algo así, me hace sentir la persona más importante del mundo (aunque sea mentira, porque cada día miro dentro de mí y tengo más claro quién es la persona más importante del mundo, y puedo asegurar que no soy yo). Muchas veces escribo algo aquí sin decirle nada y me sorprende cuando a los diez minutos me dice que le ha encantado. Es entonces cuando entiendo mejor que nunca que su enorme corazón, este blog, esta página y estas palabras hace ya tiempo que laten todos a la vez. Exactamente desde que hace justo un año, en un día como hoy pero con muchos más nervios, la escuché decir “Hola” por primera vez.
“La mujer que yo quiero no necesita deshojar cada noche una margarita.”
Ahora que el tiempo avanza, lo tenemos que parar para que en Carnaval usemos el mismo disfraz, ése que nos une y nos engrandecerá. Ahora que el tiempo vuela, lo tenemos que bajar…
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PD: Eso, justo eso, son los sueños. Ya sabéis: el que viene nunca se va, y el que va volverá con su vestido nuevo.
Todos los objetos se atraen unos a otros con una fuerza directamente proporcional al producto de sus masas e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que separa sus centros.
Definición 2:
Y al romper de un beso la gravitación universal, flotamos los dos… - - - - -
Como la última vez que dijimos que tal vez no saldríamos jamás de nuestro cuarto de jugar. Planeábamos ahogar en vino blanco el ayer, con la aguja de un reloj tatuarnos el “AHORA”.
Lev Sergeyevich Termen (San Petersburgo, 1896-1993) dedicó su vida a la física, la astronomía y la música. Su pasión por esta última materia le llevó a crear uno de los instrumentos más fascinantes que ha conocido la humanidad, el eterófono, más tarde conocido como theremín. El aparato introducía la novedad de ser capaz de crear sonidos sin que el intérprete entrase en contacto con el instrumento, sólo valiéndose de las ondas electromagnéticas que generaban las dos antenas que lo componían, para producir sonidos realmente estremecedores por su belleza.
Su descubrimiento le fue trasladando de ciudad en ciudad, orgulloso de presentar su creación ante todo el mundo, que asistía boquiabierto al espectáculo y la expectación que creaba un sonido a medio camino entre el sonido del violín y la más bella de las voces.
Así fue como, en una de sus exhibiciones públicas, le tocó presentar el eterófono en Nueva York. Finales de 1928. Entre la multitud, una cara llamaba la atención sobre las demás. Allí estaba Clara Reisenberg (Vilna, 1911-1998), una jovencita que desde que aprendió a caminar se había ido convirtiendo en una virtuosa del violín. Quedó tan impresionada con la explicación de Lev Termen que no dudó en prestarse voluntaria para probar tan novedoso aparato. Y cuando levantó los brazos y comenzó a hacer funcionar el instrumento, los sonidos que conseguían emitir sus movimientos fueron de tal magnitud que el inventor quedó convencido de que nadie jamás podría sacarle tanta belleza como lo hacía ella. Y además por instinto, sin haber ensayado nunca, como si hubiese nacido sabiendo interpretar cada mínimo sonido que aquella maravilla era capaz de emitir.
Termen empezó a darse cuenta de que el nuevo instrumento alcanzaría la gloria si era Clara quien lo presentara ante el mundo y quien interpretara sus composiciones. No era raro ver a ambos por cualquier ciudad, frecuentando todo tipo de fiestas y bailando juntos con gran soltura y una complicidad que iba más allá de lo profesional. Clara llegó a decir de Lev lo siguiente:
“Él era guapo, ágil… Bailamos y bailamos tanto que se enamoró profundamente de mí…”
El éxito les sonreía. Tanto sus nombres como el del instrumento generaban una expectación inusitada allá por donde iban adornando los carteles. Pero los sueños de ambos se tambalearon cuando a ella se le detectó una extraña enfermedad derivada de la mala alimentación que había tenido por las penurias pasadas durante su niñez: su brazo derecho le causaba grandes dolores y le empezaba a costar moverlo. Esto le llevó a dejar su gran pasión, el violín, y más tarde a limitar al mínimo sus interpretaciones de theremín.
En 1932, Termen no pudo ocultar sus sentimientos durante más tiempo, y le pidió matrimonio a Clara. La negativa de ella supuso un duro golpe para el inventor, pero lo que le terminó de hundir fue el matrimonio de la chica con otro hombre muy poco tiempo después. Lev decidió romper toda relación con ella. Pero dos años después, tras un concierto, el teléfono de Clara Reisenberg (ya convertida en la señora Clara Rockmore) sonó y al descolgarlo escuchó la voz de Lev pronunciando una breve frase:
“¿Sabes? Tocas como un ángel.”
Lev Termen falleció en 1993, y su vida estuvo llena de éxitos y reconocimientos. Pero quizá nunca volvió a vivir un instante de tal perfección como el que experimentó aquel día de 1928 cuando, sin esperarlo, apareció el amor con cara de niña y él se dio cuenta de que tenía ante sí a la única persona que era capaz de algo tan simple como darle otro sentido a su vida.
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Es sin duda una de las entradas más importantes que he escrito en este pequeño blog, por todo lo que conocer su historia me hizo reflexionar. No es un texto cualquiera éste que hoy me decido a compartir, y me quito un gran peso de encima publicando esto por fin. Llevaba meses preparando, redactando y queriendo contar aquí esta historia, para mí además unida a una de las mejores canciones que conozco, perfecta excusa para poner aquí el videoclip que más cosas ha sido capaz de transmitirme en toda mi vida:
Me pareció fascinante cuando la conocí. Para mí es una historia especial, aunque quizá no sea más que eso, una historia igual que el mecanismo del theremín, capaz de hacer magia sin necesidad de rozar siquiera con los dedos. La triste historia de lo que sucede cuando el amor es causa y a la vez consecuencia, cuando los caminos del amor y de la felicidad se cruzan por un instante y no se vuelven a encontrar jamás.
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Hace frío, y tú has salido sin abrigo. De nuevo te cruzas conmigo, de nuevo me has mirado.
Y esta tarde he decidido preguntarte, he decidido enterarme, saber por qué lo haces…