Me encantan los finales de verano. El sol que parece no querer irse cada día antes, las cortinas que empiezan a moverse porque ya sopla algo de viento… Creo que es una época que tiene algo que ver conmigo.
Adiós a los días de fiesta, a los telediarios y a las caracolas. Adiós a las ruedas de prensa, los falsos robados y las amazonas. Adiós a los trajes de baño, los viajes pagados, los sitios de moda. No habrá más copas de yate, tirar las botellas, dormir a deshora.
- ¿Verdad, gatito? Pobre animal… Pobre animalito sin nombre… Según creo, no tengo derecho a darle uno, no me pertenece. Simpatizamos un día al lado del río. No quiero tener nada mío hasta que encuentre un sitio donde pueda tener todo lo que me guste. No estoy segura de dónde será, pero sí el aspecto que tendrá. Será como Tiffany. - ¿Tiffany? ¿Se refiere a la joyería? - Eso es. Estoy loca por Tiffany… Escuche, ¿conoce usted esos días en los que se ve todo de color rojo? - ¿Color rojo? Querrá decir negro… - No, se tiene un dia negro porque una se engorda o porque ha llovido demasiado. Estás triste y nada más. Pero los días rojos son terribles, de repente se tiene miedo y no se sabe por qué. ¿Le ha ocurrido a usted alguna vez? - Sí… - Pero cuando me pasa, lo único que me va bien es coger un taxi e irme a Tiffany. Me calma enseguida la tranquilidad y el aspecto lujoso que tiene. Nada malo podría ocurrirme allí. Si pudiera hallar algún sitio en el que me encontrara con ese sosiego que se respira en Tiffany… entonces compraría algunos muebles y bautizaría al gato. [Desayuno con diamantes (Breakfast at Tiffany’s), 1961]
¿Cuánto tiempo llevan juntos? Cada vez le cuesta más hacer la cuenta. Al principio siempre esperaba a que llegase el día en el que podía mandarle un mensaje a ella en el que pusiera “un mes juntos!”, o “gracias por estos dos meses de sonrisas”, o “han sido los mejores tres meses de mi vida”… Han pasado ya casi cuatro años, y aunque quedaría repetitivo seguir con lo de los mensajes, a él no se le han acabado las ganas de sorprenderla cada día.
Y entonces se sorprende él porque toda la vida creyó que la llama del principio siempre se acaba apagando. Pero pasa el tiempo y su vida cada vez huele más a ella. Y ella huele tan bien… Su aroma es como el de esos ambientadores que siempre buscas porque sabes que son capaces de hacer que ni te acuerdes de los malos olores.
A veces, ella le pilla mirándola embobado, asintiendo a la vez que sonríe mientras piensa que sí, que al final era verdad lo que le decía todo el mundo. Que la gente tenía razón cuando le aseguraba que él acabaría encontrando lo que buscaba y que al final acabaría sabiendo lo que es amar y ser amado. "Por una vez la gente tiene razón", piensa.
Desde el día que llegó, ella le ha ido quitando a trozos la razón que él creía tener cuando pensaba que todas eran iguales. Que nadie iba a saber hacerle feliz durante más de unas semanas. Al fin y al cabo, era normal que acabara pensando eso, porque había ido eligiendo inconscientemente a las personas que más daño podían hacerle. Llegaban prometiendo y aparentando mil cosas y acababan olvidándose de que estaban tratando con material frágil. Quizá nunca lo supieron. Quizá no querían saberlo.
Ella es la única que desde el principio se olvidó de parecer la mejor. Quizá precisamente porque ya desde el primer día lo era.
¿Y dónde está el secreto?, se pregunta mientras olvida que esta vez el único truco está en que todo, absolutamente todo, es real.
Supongo que esta canción no suena a primavera. Que más que componerla, descompongo pedazos de verdad. Me huelo que dentro de un segundo voy pal suelo, a oscuras me parece un buen momento para reconocer que la foto de mi alma es trucada, soy un mago que no tiene baraja. Fuiste conejo en mi sombrero y ya no sé si sigues dentro, aunque supongo que debes de seguir siendo tan guapa, el negro favorece tu cara… y hoy llueve en la ciudad.
Merezco que huyas cada vez que te sorprendo, regalo un cielo y luego cobro el precio… ¿Y cuál es la verdad? Pues que de tanto buscarme, me he perdido. Nunca quise arrastrarte conmigo, pero tú te empeñaste, y ahora cómo explicarte que a menudo me despierto borracho en los portales. Y aunque no sé ni mi nombre, sé que quiero abrazarte. Te olvido, pero en el fondo te recuerdo y me digo: “¿qué hay de falso en lo que muestro, de cierto en lo que escondo?”. Yo nací para echar piedras y romper el tejado que protege tu futuro porque pasé el pasado soñando algo a lo que te pareces y ahora mi reino se desvanece, me opongo. ¿Te tengo? ¿Me comprendes? ¿Te quiero o simplemente lo supongo?
Supongo que a veces estoy triste cuando lloro, pero hay cosas que se tienen que hacer solo… no vuelvas a llamar. Y es que sé que ya no quiero echar cemento a mis errores, sino al miedo. Dame la mano y quizás seré capaz de volar contigo a un cielo de soñadores, sólo espero que acepten fumadores. Ten el valor de no soltarme incluso cuando te cante que a menudo me despierto borracho en los portales. Y aunque no sé ni mi nombre, sé que quiero abrazarte. Te olvido, pero en el fondo te recuerdo y me digo: “¿qué hay de falso en lo que muestro, de cierto en lo que escondo?”. Yo nací para echar piedras y romper el tejado que protege tu futuro porque pasé el pasado soñando algo a lo que te pareces y ahora mi reino se desvanece, me opongo. ¿Te tengo? ¿Me comprendes? ¿Te quiero o simplemente lo supongo?