lunes, 19 de enero de 2009

And I know I was wrong while I said it was true...

Yesterday I got so old, I felt like I could die...
Yesterday I got so old, it made me want to cry...

jueves, 15 de enero de 2009

Y mi cama se queja...

Llevaba tiempo con este video en la cabeza. Y algo me dice que éste es el momento de ponerlo aquí. El momento de hablar de los dos músicos más influyentes en mi vida: Quique González y Enrique Urquijo.
Cualquiera que me conozca un poquito y le pregunten por mis aficiones, mis gustos, mis influencias... enseguida va a decir un nombre por encima de todos: Quique González. Dirá que la banda sonora de mi vida cambió ese mismo día en el que escuché su voz en la radio del supermercado, me apunté un par de estrofas en la memoria del móvil y fui corriendo a casa a bajarme esa preciosa canción que sonaba (“La ciudad del viento”). Que después me bajé el disco en el que aparecía (“Salitre 48”) y unos meses después ya había pasado por la Fnac para pagar lo que fuera por todas y cada una de las cosas que había publicado hasta entonces. Que en el peor momento de mi vida, ahí estaba su voz para recordarme que a veces “da lo mismo reírse de todo que llorar por nada”. Que él ha despertado en mí ese extraño sueño que tengo de comprarme por fin una guitarra y darle música a tantas y tantas cosas que escribo y se quedan ahí, en tierra de nadie. Que me jode más que nada ver videos suyos en los 40 Principales, como si fuera uno más del montón.
A mediados de los 90, nadie conocía a Quique. Lo poco que ganaba era por tocar en pequeños locales de Madrid, como el mítico “Libertad 8” o “El Rincón del Arte Nuevo”. En esa época conoció a Enrique Urquijo (compositor y voz de gran parte del repertorio de Los Secretos), y ahí comenzó una mezcla de amistad y admiración mutua. Enrique le pidió un favor a QG: que le escribiera una canción para su próximo disco. Quique aceptó encantado y el resultado se llama “Aunque tú no lo sepas”, que QG escribió a partir de un precioso poema de Luis García Montero. El resultado fue una de las canciones más conocidas que llegó a interpretar Enrique en sus últimos años de vida, y la que sin duda es la canción que más tristeza me inspira de todas las que he escuchado. Enrique se sentía en deuda con QG, y su forma de pagárselo fue convenciendo a su discográfica de que tenían que darle la oportunidad a Quique, que por fin pudo grabar su primer disco. Así comienza la carrera de quien hoy es mi referente en la música y en otras cosas.
De Enrique Urquijo no quiero hablar demasiado hoy. Sigo teniendo pendiente un buen texto en este blog dedicado a él, no se me olvida. Sólo decir que después de leer las opiniones que sus amigos tenían de él y de su forma de ser, me llega a resultar hasta preocupante encontrar tantas cosas en común y tantos paralelismos entre su vida y la mía... Pero el caso es que su voz me acompaña desde que nací, y aún me recuerdo a mí mismo jugando con los coches tumbado en el salón escuchando a Los Secretos de fondo. Creo que es algo por lo que tengo que estar muy agradecido a la enorme educación musical que siempre me dio mi madre.
En cuanto al video que os dejo, nada mejor que verlo y escucharlo, a ser posible con la luz apagada y los sentidos encendidos. Así es más fácil fijarse en los pequeños detalles: sus caras mientras suena la música del principio, sus miradas de complicidad... y también es más fácil comprender lo que significó para ambos aparecer juntos en un programa de televisión delante de España entera, concretamente el 7 de Diciembre de 1998. Hay pocas cosas que me provoquen siempre un escalofrío y los pelos de punta, pero os aseguro que una de ellas es ver el minuto 1:47, cuando la voz de Quique González comienza a inundar el escenario como tantas y tantas veces ha inundado mi habitación o mi vida. Me parece también estremecedora la interpretación de Enrique Urquijo a partir del minuto 2:32, con la voz completamente rota y la mirada más triste del mundo (2:43). Por momentos, parecía ser el único que sabía que meses después su vida iba a apagarse. Un miércoles 17 de Noviembre de 1999, con Madrid lleno de lluvia, frío y tristeza, la vida decidió acabar con el músico y convertirle en lo que hoy es para muchos como yo.

A veces, sucede que dos cosas que aparentemente no tienen nada en común se acercan entre sí y se dan cuenta de que uno hace aún más grande al otro, y viceversa. En este video ocurre con Enrique y QG, pero también pasa en muchas situaciones de la vida.

miércoles, 14 de enero de 2009

Recordarás la primera vez...

Esta canción la dedico a la gente que cree en las cosas que nunca se acaban...



Siglos pasaron sin que el azar,
duende juguetón, sus hilos moviera.
Casi me había olvidado ya
de tus pies subiendo por mi escalera.
(Juegos de azar, Joaquín Sabina)

sábado, 10 de enero de 2009

sábado, 3 de enero de 2009

Dejarse llevar suena demasiado bien...

Mucho. Muchísimo tiempo hacía, quizá años, que una simple canción no me decía tantas cosas como ésta. Sobran las palabras...

Vetusta Morla - "Copenhague"

miércoles, 31 de diciembre de 2008

Aquí siempre es medianoche


Para acabar el año, un regalo. Hace más de 20 años, un amante del arte llamado Fernando Márquez conseguía convertir en oro todo lo que tocaba. Él fue uno de los protagonistas de, para mí, la mejor época que ha tenido la música española: La Movida Madrileña en particular y los años 80 en general. Os dejo aquí los 3:23 minutos que consiguieron que este blog se llamara así.

martes, 23 de diciembre de 2008

Tu tristeza


Me hace gracia cuando me dicen que en mi blog sólo escribo cosas tristes. Que da mal rollo leer lo que pongo. Que si mi vida no tiene cosas bonitas para ponerlas...
Yo no creo que mi vida sea triste. Pero este blog no habla de mi vida, habla de sentimientos, de sensaciones. Cuando quiera contar mi vida, publicaré mi autobiografía. Y para mí está claro que los sentimientos menos positivos son los más interesantes. Si hoy estuviera escribiendo sobre lo bonita que se ha levantado la mañana o lo precioso que es todo, no estaría siendo yo, y el tiempo de llevar máscaras ya queda muy atrás para mí.
Yo no sirvo para escribir aquí cada día lo que he hecho o lo que pretendo hacer, más que nada porque no soporto las previsiones, no sé ni qué estaré haciendo dentro de 5 minutos... Respeto a la gente que lo hace, pero esto no es un diario. No dejaría que nadie leyera mi diario. No pretendo que la gente entre para ver cómo me va la vida, para eso hay otros medios mucho más fiables como por ejemplo... preguntármelo. Además, lo siento pero mi vida de momento no es tan interesante como para tener a la gente enganchada a mi blog, no vivo aventuras fascinantes de noches de borracheras interminables que acaban en la cama de ni-se-sabe-quién, ni noches sin dormir por haberlas pasado de bar en bar conociendo gente de quita y pon (mis noches de dormir poco son por otras cosas). Escribo cuando tengo cosas que contar, no cuando me apetece que la gente sepa lo que hago con mi vida. Por eso puedo escribir varias parrafadas seguidas, o puedo estar tres semanas sin nada que contar, sólo poniendo canciones que para mí significan algo. A veces una canción explica más cosas de las que puedo contar yo en miles de palabras.
Las cosas que más me gustan en la vida no darían ni para escribir una línea. Ni siquiera estoy seguro de poder escribir una sola palabra sobre ellas. Es difícil contar que una canción te ha llevado durante un minuto a recordar un día de tu infancia como si fuera ayer mismo, o que has vuelto a oler ese perfume que un día te hacía ver todo perfecto... la gente acabaría pensando que eres un raro o que no saben de qué vas (lo cual tampoco tendría por qué ser malo, pero ahora mismo no me interesa).
Y volviendo a la tristeza, lo siento mucho por la gente que le moleste pero no voy a cambiar mi forma de escribir. La alegría no me inspira nada. Será por lo poco acostumbrado que estoy a ella, pero no sabría qué escribir sobre algo que no tuviera al menos algo de fondo no-perfecto. La perfección me descoloca, no me la creo, me hace sentir fuera de sitio... y últimamente ya he demostrado alguna vez que cuando me siento fuera de sitio, me voy y punto.
Cualquiera que sepa las cosas que pienso, que escucho, que escribo... cualquiera que me robe la carpeta y vea las canciones que pongo ahí o los versos que de repente me llegan a la cabeza y después al papel... o cualquiera que haya hablado conmigo sobre la vida en profundidad, sobre lo que pienso de las cosas, del pasado, del futuro... enseguida se dará cuenta de que acepto la alegría, pero no la expreso. Puede que escriba cosas así porque cuando estoy feliz no me apetece escribir. La felicidad es para disfrutarla, no para ponerse a escribir. Eso prefiero hacerlo con la tristeza. A lo mejor sería mejor persona si tuviera un blog donde contara todas las cosas guays que vivo, y la gente se quedara pensando “joder qué suerte tiene éste, qué vida tan intensa, qué cosas le pasan...”, pero no es ése mi rollo. No me interesa dejar a mil personas con esa sensación, preferiría dejar a una sola pensando profundamente en sus propias cosas, que se queden pensando en las mías no me llama la atención.