Hoy me he acordado de aquellas tardes de lunes de hace mucho (demasiado) tiempo.
Y otra vez la voz de Enrique Urquijo dando vueltas por mi habitación (uno de esos sitios en donde él aún no ha muerto). Prometo un buen comentario sobre Enrique próximamente.
Mírame y no digas nada esta vez, que el silencio nos ayudará a entender que todas las palabras que se dicen sin saber deberían ser borradas del papel, para que no vuelvan otra vez a mi mente...
Después de escuchar millones de veces a Enrique Urquijo (enorme influencia en mi vida) cantar una de mis canciones favoritas, lo único que se me ocurre decir es que cuando algo es perfecto, cualquier cambio es siempre a peor. Hoy empecé a andar y sin fijarme, no sé cómo, llegué frente a su calle. Pero al notar mi error, al girarme, miré hacia atrás sin querer y vi su imagen. Y recordé su voz bromeando en las tardes, diciéndome “¿qué harás si hay cambio de planes?”
Hoy empecé a guardar todas sus cartas, las fotos que encontré y algunas lágrimas, pero al tratar de juntar en una caja todo lo que me dejó, olvidé cerrarla... y a veces, sin querer, cuando todo está en calma, la sombra del dolor asoma su cara.
Y volveré a sentir la oscuridad, a beber la soledad...
Hoy tengo que dejar su castillo en el aire, pisar el suelo, aceptar un cambio de planes.
(Foto: vistas desde mi azotea, una noche gris pero iluminada de Otoño de 2006)
En casa tenemos trastero. Y azotea para tender la ropa. Cuando era pequeño y me mandaban a por cualquier cosa al trastero, siempre tardaba un poquito más de lo normal. Tenía que pasar por la azotea. Abría la puerta de la cerradura oxidada, y cuando subía el escalón... ahí estaba todo. Como lo recordaba desde la última vez. Todo Madrid de fondo, con mil luces de todos los colores, la mayoría naranjas... Siempre me ha sobrecogido verlo, no sé por qué. Lo mejor era mirar detrás de todas las casas, donde había miles de luces más, todas moviéndose... Pensar en todos esos coches que iban, venían...
Todavía paso por ahí de vez en cuando. Entonces recuerdo que las cosas que me gustan están muy cerca de mí pero, a veces, al mismo tiempo tan lejos como alcanza la vista.
Esta canción y su maravilloso videoclip se los dedico a toda la gente que también malgasta sus deseos en las luces de la ciudad.
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AUTOMATIC IMPERFECTION
Marlango
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There are children playing on the lampposts,
pretending they are trees.
They can climb up and fall down hard on their knees
Impresionante otra vez Quique, como siempre... Esta canción me hace pensar en un hotel de carretera. En esperar a que dejen de pasar coches para cruzar y llegar hasta él. En las ganas de hacer mil cosas en 5 días. En helados de vainilla que no existían. En galletas María mojadas en cola-cao. En una feria que no era feria ni era ná. En sartenes de huevos con chorizo y patatas. En la lluvia sobre el mar... En un lugar que cada vez me pertenece más, y que será así hasta que acabe siendo yo quien pertenezca a él.